Tumbas sin cuerpo
Familias que caban hollos donde poner un cajón vacío.
Tejen y destejen la misma historia, una herida que no cicatriza, es el pasado que sangra. Ellos son Penélopes de un Ulises que nunca llega.
Y caban y caban desde hace décadas, sin nada que enterrar. El pozo está en la tierra desde hace tanto...
No hay dónde dejar las flores.
Flores marchitas buscan una tumba donde ser dejadas.
Las espinas pinchan las manos de las familias que piden sepultura.
Hace años sujetan y sostienen las mismas flores. Los dedos sangran por los pinches, pero el dolor casi no se siente; no hay resignación al sufrimiento que se apodera, a no poder poner palabras.
Los aullidos vienen desde el río. Allí dentro, en las profundidades, hay un pueblo gritando.
Los edificios le dan la espalda al agua, que con su leve oleaje intenta llamarnos, traernos un comunicado. Es un mensaje dentro una botella que muchos no se animan a abrir, que otros directamente vuelven a arrojar al río, la entierran y la tierra la escupe nuevamente hacia fuera.
Un riachuelo contaminado que tanto hablaron sobre sanear... hoy pareciera que se dan los primeros pasos en el saneamiento.
El brazo del río que recorre el continente está lleno de sangre, y pasa lo mismo que con aquel riachuelo olvidado, tacho de basura de inmundicia y desperdicios de sociedad... casi treinta años se debió aguardar para realmente poder barrer ese fondo... y aún ese fondo está muy lleno de barro y huesos.
El río continental corrió desde el norte, inundando todo suelo fértil que se ubicara más al Sur: Guatemala, México, Paraguay, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina...
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