NO POR IR RÁPIDO SE LLEGA LEJOS

Hagámonos Luz


Nos convertiremos en pintura y nos mezclaremos en la paleta de la eternidad. Y se pintará en el suelo, bastidor de tierra, la más bella historia de amor.
Hagámonos luz y entremos en las pantallas para hacer con nuestras películas predilectas lo que queramos.
Volveremos tinta los hechos y re escribiremos la historia del lado de los oprimidos y los vencidos, los justos y los enamorados.
Seremos papel y nos empaparemos con versos adictivos de poetas lunáticos.
Tornémonos sonido y vibremos rebotando en la inmensa cámara universo, para que las estrellas nos escuchen en la infinitud.
Reaparezcámonos en los sueños de los amantes trasnochados, en las ideas de los inspirados, alteremos las maldades de los dictadores y las ficciones de sus colaboradores.
Nos presentaremos como líquido; emborracharemos las copas de los dioses griegos para que reencuentren a Ulises con Penélope más cuerda esta vez.
Luzcamos como el barro para hacer volar las ciudades, liberando al pasto independizado del agobio confundido.
Mostrémonos como fuego para hacer arder las pasiones de los inseguros y, más aun, para derretir las barreras de los seguros.
Seamos reales para actualizar todo esto. Lleguemos a viejos y, dando un pasito más, todo nos será posible.

Labios cercanos



Demoramos placeres, jugando como niños con nuestros labios cercanos.

Tu boca, mi boca: dos dioses que gobiernan las voluntades de mortales confusiones mentales. Si nos vieran -si tan sólo nos vieran- quienes amándose tanto no lograron tenerse. Nosotros nos inscribimos en una carrera de obstáculos sinsentido, en una pista sin dirección establecida ni línea de llegada. (Qué vergonzoso fanatismo shakesperiano.)

¡Tan poco usuales hemos sido! Tan especiales estos dos amantes, de noches largas, de atardeceres coloridos e inviernos refugiados entre siestas y libros. Y la estación va quedando atrás, la primavera se avecina, con todo su esplendor, con la comezón para los alérgicos y la curiosidad de los púberes.

¿Cuántas primeras veces hemos tenido, mi amor? Me desfloraste hasta el hartazgo y mil veces me tiraste y dejaste ir. Te adiviné hasta el cansancio escondiéndonos en tus palacetes.

Hoy, otra vez la huida, la pasajera reclusión perpetua a la que nos lleva mi estupidez.
No te alteres, nube nocturna, si me alejo, es sólo para poder acercarme nuevamente.

Adiós, "Civilización"


Mochila al hombro, ampollas en los pies, sed en los labios, me haré paso a través de los caminos, cruzando montes y traspasando tupida selva. Ansiedad en la cabeza, ilusión al corazón, transitaré esos senderos forjados no más que por las caminatas de otros viajeros, por la bondad de la jungla y los lugareños que vaya encontrando, esos que jamás cobraron comisión a aquellos soñadores que queremos conocer lo que siempre hemos soñado, y mostrarnos a nosotros mismos que otra realidad yace en lo más profundo del continente.
Esto no es una rendición, es una despedida.
Siempre he imaginado, casi de modo inimaginable, el día en que este día llegue: Me voy, “Civilización”.
Ya te diría “adiós”, pero antes quisiera aclarar unas cosas, no creo que me vayas a escuchar, no pretendo que te afecte o me des la razón, aun así, dejame darte mi opinión.
Sabés que jamás estuve muy de acuerdo con algunos de tus principios, y que considero muy criticables las bases de “lodo y sangre” sobre las que te originaste. Tal vez te parezca un inconformista, o hasta un llorón, pero dejame que te diga que tus valores no sólo me resultaron horrendos, frívolos y carentes de hermandad, sino que además de proponerle al ser corromperse constantemente en un esquizofrénico juego, lo mantienen alejado de la naturaleza.
Nunca me creí tus apretones de mano, los vi siempre como puro interés y conveniencia de tu parte. Tus sonrisas y concesiones de aparente benevolencia no puedo verlas como otra cosa que falsedad. Casi todos tus formalismos me dieron siempre la impresión de innecesarios. No logré acostumbrarme a tu frenético ritmo, a la dependencia a los químicos y demás. De cualquier forma, te dejo con tus negocios.
Desde mi punto de vista, civilización del falso progreso tecnológico, tu modo de vivir te mantendrá enferma y es lo que te mata. En estos años conviviendo juntos, no puedo asignarte otro título que el de demagoga: esclavizás diciendo que con vos se logró libertad; te vitoreas con alardes de paz, mas naciste en guerras, condujiste a guerras y sobrevivís con y por guerras; te atragantas con los lujos que conseguiste con sudor y sangre ajena, te enorgullecés de ser racional mientras en tus entrañas encontré las más grandes contradicciones que ningún animal se animaría a cometer.
Entendeme si soy duro con vos, metrópoli, es que igual de duro es lo que vi en vos. No te preocupes, yo me voy, pero no te quedás sola, supongo por la expresión en los rostros de muchos ante mi anuncio de partida, que tenés varios simpatizantes. De todos modos, yo te aconsejaría que lo pensaras tranquila y profundamente, a mí me parece, “Civilización”, que en verdad estás muy sola.
Por fin me veo maduro, ya no necesito trabajar para nadie, ni tu modo de producir, ni lo que producís. Aprendí a vivir perfectamente sin tus entretenimientos alienantes. Me voy con poca carga, ya que llevo la pesada libertad conmigo.
Tal vez llegue la noche en que te sientas muy vacía y medites sobre lo que te digo, mientras tanto, yo te dejo. Así y todo, con lo repugnante que me resulta tu creencia, “Civilización”, no te guardo rencores, no pienso perder la alegría ni olvidé la capacidad de crear, y con gusto te digo, si te arrepentís, podés venirme a buscar, creo que te voy a saber perdonar, aunque sólo si antes corregís todo el maltrato que hiciste acá. No puedo darte dirección, “Civilización”, porque no sé con exactitud dónde voy a estar, y es un sitio sin numeración, sería algo nuevo para vos.
Ahora sí, te dejo, no te sientas mal, maquinaria civilizante, deberías aprender que no se puede controlar todo a capricho.

El rol ("intelectuales" posmodernos)

¿Cómo podés querer estar todo el tiempo en la arena, ver las olas desde la playa?
Está bien posar, por momentos, tus pies sobre el suave terreno del suelo blando, pero no entiendo que no admitas que hay otros en los que te queman las plantas desnudas y necesitás zambullirte al correntoso mar.
No deberías poder ver las olas pretendiendo no mojarte. La marea sube y te inunda, desborda más allá de cualquier recipiente que veas desde tu cómodo escaparate. No luches contra eso, no quieras hacer creer que así es.
¿O para qué atendías a la marea sino para echarte a nadar, para ver el rumbo de la corriente y tirarte en ella, impulsarla o desviarla?

Principios de Civilización

Está todo bien, todo bien;
Está bien, en serio, no pasa nada.
Acá no pasó nada.
Pero si es una pavada.
Sí, sí, bien.

Sonrían para la foto.
No, no, está bien, si es un chico sano.
Por acá todo igual…
"¿Vos, bien?" (3…2…1)
"Me alegro” (no me alegro un carajo).

Miren que hoy vienen invitados;
Por favor, delante de la gente no;
No me hagas una escena en la calle.

Todo bien, en serio,
Está todo bien.
Todo anda bien.
¿Cambiás esa cara por favor?
No me hagas pasar vergüenza.
Todo está bien.
¿Todo bien?

Yo elijo que me cremen (poesía de Romanticismo contemporáneo)


Un crédito de comodidad.

Ahorrando toda una vida para pagarse un ataúd confortable.

Se paga en cuotas de ocho horas diarias.

No es negocio.

Todo para que algunos beban buen vino.

Y cada tanto nos dejen probarlo;

esa ilusión para que no nos quejemos tanto.

-Quien vea esta perspectiva es inadaptado-

Yo elijo que me cremen.

Las cosas se cargan de valores innecesarios. Hay inyecciones de baba. Las ciudades buscan convertir al humano en sujeto de consumo con un bombardeo de publicidad. Todo se vuelve mercancía. Todo es exprimible.

Shopping de personalidad(es) –falsa identidad.

El hombre en tanto tal, no es eso.

El hombre es creatividad.

El hombre es imaginación, es inventiva.

El hombre nació libre.

Cazó y recolectó.

El hombre vivió más tiempo unido a la naturaleza que distanciado de ella agrediéndola.

Es anti-natura la monotonía y la rutina esclavizante.

Existe la fuga, el escape y la conciencia de libertad, pero es visto como lo extraño, como el “bicho raro”. (Negociación de una hegemonía, hegemonía de una tradición)

Es llamativo que para encontrarnos tengamos que irnos lejos. ¿De qué huimos? ¿Adónde?

Lo que viviendo con la tierra y la naturaleza nos parecería extraño, ahora se considera “normal”. La tierra y la naturaleza son la excepción.

El hombre tiene la capacidad de crear, y es una capacidad que no nació con el mercado. La estructura asfixiante va contra sí, instala la angustia.

Cada batalla debería librarse en el lugar que le corresponde.

Y terminar donde cada ideal desea morir.

Yo elijo que me cremen.

Lo que admití parir en mi píel


Me voy a desnudar,

Desnudar de ropa, desnudar de piel,

Desnudar de preámbulos, desnudar de imaginarios.

Si pudiera desvestirme de falsos deseos

Y blandir mi miembro simbólico en la cara que los origina.

Sé que un poeta lindo,

Mercachifle de lo estético,

Dijo que huir no conduce a la libertad,

Pero estando en un calabozo, su simetría artística es difícil de comprender.

Por eso hay que pensar claro,

Localizar el problema y atacarlo en su centro,

Aunque huir de él parezca mucho más fácil…

Ver dónde más duele y apuntar ahí.

Estos barrotes de horarios,

De consumo, de títulos, de obligaciones impuestas imperceptiblemente.

Ese carcelero de consenso,

Que convida puchos de complacencia.

El arrebato estilístico se comercializó:

Las vanguardias colgadas en los museos,

Las subculturas juveniles se venden de a peso,

Los héroes libertarios conducen programas de televisión.

Yo me desvisto,

No en el medio de la calle por causar asco,

Sino en un lugar desnudo de estructuras…

Volver a intentar en los paisajes de lo nunca fecundado

Esperando encontrar lo que fue nacido en mí,

Lo que admití parir en mi piel,

Para así descartarlo,

Y aprender a plantar lo que realmente es necesario.

El manifiesto de la H

¿Cuántas hormigas hacen falta para derrocar a los gigantes que todo aplastan? No lo sabemos.

Gobiernos y monopolios mediáticos y financieros filtran y filtraron, buscan y buscaron imponer −mediante prácticas económicas importadas- rutinas, ideas y valores estéticos que nada tenían y tienen que ver con las prácticas y creencias de los pueblos.

Tras un complejo proceso de adaptación, los pueblos pasaron a tomar parte de esas rutinas, ideas y valores, a adaptarse a ellos o a tomarlos como propios, hasta el punto de reclamar por ellos o concebirlos como naturales, universales e inmodificables.

Debe admitirse que en buena medida se han impuesto y son los dominantes, aún cuando quienes los llevan a cabo ni siquiera son conscientes de que lo hacen, pero la resistencia es igualmente fuerte, y aún existen muchas fuerzas que los cuestionan y oponen.

H de Hormiga aboga por esas minorías que se revelan y organizan contra aquellos valores del mercantilismo del mundo globalizado, el individualismo, consumismo, las comunicaciones mediáticas huecas que buscan la distracción o el miedo, y muchas otras prácticas y formas de ver el mundo que intentan instalarse, siendo que son las más convenientes para que los sectores hegemónicos continúen detentando ese lugar privilegiado en las relaciones sociales de poder.

Es cierto, en ocasiones pareciera que muchos de esos grupos que ocupan lugares marginales -sea por condicionantes de clase social, origen étnico, elección sexual, género, etc.- son mudos, o que sus gritos son sólo voces afónicas, meras letras "H"; mas las acciones no son banas, y hay logros y derechos obtenidos, formaciones y resurgires de viejos oprimidos, que así lo demuestran.

Desde este humilde y subterráneo lugar (si es que algo en internet puede serlo), esperamos ser una mano más para sostener ese megáfono que sirva para dar voz a quienes tantas veces se dijo que no la tenían.

¿Cuántas hormigas hacen falta para derrocar a los gigantes que todo aplastan? No lo sabemos, pero esperamos que quien acaba de leer estas líneas, sea una.

Receta para preparar un sabroso burgués


“Ideal para oficinas donde haga falta comida inmediatista”

En 1 bowl de propiedad tamaño mediano, sirva desinterés hasta la mitad, puede reemplazarlo por ignorancia.
Agregue 2 cucharaditas de culpa pero diluya con comodidad antes de que se asiente demasiado.
Bata la mezcla unos minutos hasta que quede una contextura de falsedad. Si esta es muy espesa se recomienda disimularla con una medida de sensibilidad.
Vierta rebeldía en polvo. Para cortar el sabor amargo puede rebajar con 3 tazas de conformismo. Revuelva sin parar hasta conseguir resignación. (También puede aplicar miedo a gusto.)
Rebose con consumismo hasta lograr un tono individualista y deje reposar el plato aislado unos minutos.

Mientras, en otra fuente, eche un cubito de romanticismo en ½ litro de rutina, agite suavemente hasta conseguir derretir el cubito y obtener superficialidad.
Una vez se asiente el egoísmo en el plato que dejó reposar, embadúrnelo con la superficialidad. También puede decorar el postre con emblemas libertarios (tome el recaudo de que no estén muy calientes) para aparentar un bello compromiso.

Sírvase bien frío.

La Justicia idealista versus lo justo material

La naturaleza, es más, el universo, no comprende de Justicia (con mayúscula), en efecto, no existe tal cosa. La Justicia no es algo que tome forma en el mundo, en cambio está lo que consideramos justo, una creencia, un modo de ver las cosas, y por tanto, una construcción social en cierta medida, individual desde otra perspectiva. En tanto tal, vemos que lo justo ha de variar dependiendo de la geografía, la sociedad y el período de la historia –tal es así que la servidumbre era vista por los sabios de ciertas épocas como justa respecto al orden natural, mientras que en la sociedad burguesa que tomó el centro de la escena luego de las revoluciones del Siglo 18 y 19, fue uno de los puntos más atacados; el concepto mismo de Justicia cambia, y esto es tanto un reflejo de las ideas y las acciones (no sin contradicciones y tensiones), como un determinante de las mismas.
Esto para nada quiere decir que da lo mismo lo que hagamos porque “la” Justicia no existe, rechazo fervorosamente esta concepción nihilista. Más bien todo lo contrario, es precisamente porque lo justo es un modo de operar, un resultado de las cosas, un equilibrio a nuestras acciones y un horizonte a nuestras expectativas, nuestro ego y nuestros caprichos, que debemos tomar conciencia sobre lo que en cada época historia es considerado como justo, sobre todo, en el tiempo al que pertenecemos. Lo cual no implica que debemos mostrarnos conformes hacia lo que nuestro tiempo, nuestra sociedad, nuestros pares, nuestra clase, amigos, familia, etcétera, ven como justo, sino en todo caso, que esta concepción, es precisamente una idea sobre el estado de la existencia, y no una existencia universal y ahistórica en sí misma, que como tal, es pertinente preguntarse si realmente se atañe a nuestro ideal, si nos resulta justa o si, en cambio, no podría esta ser revisada, alterada, reelaborada en una forma de ver y actuar el mundo y la cotidianidad que resultara más feliz para todos, de mayores libertades y posibilidades de elección para la vida que cada uno desea.
Porque el universo, el cosmos, la naturaleza (en un sentido spinoziano) no ha de preocuparse por lo que los hombres consideren justos, ya que esta consideración ni siquiera es armoniosa, es que la humanidad misma debe tomar cartas en el asunto, comprendiendo siempre que la idea de justicia es siempre una elaboración hegemónica que una clase o alianza de clases dominantes, diría Gramsci, está interesada en sostener y reproducir o modificar, para conseguir consenso en la forma de administrar lo real y, en efecto, para lograr que los hombres y mujeres se vean a sí mismos de cierta manera.
La Justicia no es un modo sagrado, único, divino e inalterable del universo, y si lo es, no ha estado a nuestro alcance aún, o al menos ha generado demasiada controversia, se ha escapado y nunca aplicado realmente. A lo que a mi concierne, con mi forma de comprender “lo justo”, creo que no ha habido época ni sociedad totalmente justa. Para nada creo que halla una línea de llegada, que una vez cruzada por la humanidad vaya a presentarnos a un Dios que nos estuvo esperando durante milenios con un trofeo que contiene la Justicia detrás. Al contrario, creo que tanto ese Dios como ese trofeo son construcciones de la propia humanidad, construidas de ese modo y no de otro por infinidad de motivos, tanto por encontrar un sentido a sus vidas, sus muertes y esperanzas, como por mantener un ideal de justicia y una cierta estructura de poder. No pienso que la razón vaya a conducir a una forma unánime, estática e indiscutible de Justicia que esté flotando en algún lado, aguardando a ser alcanzada. Más precisamente creo que la justicia, o mejor dicho, lo considerado justo, es el resultado de luchas por el sentido de las cosas, es un término problemático, un combate que se imbrica en una lucha por validar/invalidar el mundo que se vive, y modificarlo.

Con la esperanza viva


Si hasta aquí, lo que está mal visto, nunca me pareció tan terrible…
Quizás sean otros quienes necesitan anteojos, y noto que la esperanza aún respira.

Espero mantenerme pensando con cordura y al filo de la locura, si es que los cánones mantienen su forma habitual.

Usualmente, las generaciones mayores asocian la esperanza de un joven con cierta ignorancia de su parte: como algo que se normalizará con el paso del tiempo, resultando en expectativas idénticas a las suyas. ¿Acaso la sabiduría lleva a la rendición? Ruego mantenerme en boga por el oprimido, por el subordinado, luchando por que el subyugado y el tirano, ambos, liberen su existir.

Que la edad no me traiga el cansancio y la desesperanza, ni la envidia por la vehemencia de aquel que dedica su fuerza a la utopía, ese rencor por lo que no pude llegar a hacer, que quiere ennegrecer la dedicación ajena, menospreciando al soñador.

Y si la sangre se pone turbia y densa en mis venas, si notas que mis pensamientos vienen con grilletes que los apelmazan hacia el fondo, te pido no te detengas en cortar las cadenas, para liberar toda mente; y si no funciona en mí, corta mis venas, y deja a mi sangre libre fluir.

La convocatoria de masas de 1940-1950


Si queremos comprender los movimientos políticos de la primera mitad del siglo XX, es sumamente reduccionista creer que espontáneamente, las sociedades de países tercermundistas, potencias e inclusive aquellos que se mostraban como contrarios al Capitalismo y al Imperialismo, tuvieron la voluntad de intervenir políticamente. Igual de parcial sería creer que de un momento a otro líderes carismáticos se propusieron acercarse a las masas por diversas vías. No significa que lo uno y lo otro sea totalmente falso, sino que ni lo uno ni lo otro era totalmente novedoso, ni explica lo complejo del fenómeno, ya que no da cuenta de contextos ni de procesos históricos, no comprende contradicciones ni condicionamientos.
Las determinaciones del suceso histórico son muchas, pero eso no implica que no podamos jerarquizar o discriminar la influencia de las mismas.
En una lectura materialista histórica no pueden desatenderse las variaciones en la dimensión de la producción de bienes económicos y culturales, y la distribución y consumo de los mismos. Como sabemos, los flujos históricos no son inmediatos, y para entender una época, es necesario prestar atención a ciertos cambios que se venían sucediendo.
La crisis de 1929, conocida como la crisis de Wall Street o crisis de los mercados, se ha dicho, ha sido sobre todo un colapso producido por la especulación financiera y la sobreproducción económica –entre muchas otras variables, como el resultado de la primer guerra mundial, que dejaba un mapa geopolítico incierto, considero que serían las principales y más influyentes para el tema que nos interesa.
Como no podía ser de otra forma, la producción en serie echaba raíces en lo profundo de la estructura social. Los mercados se encontraban desorganizados para captar la oferta existente y uno de los principales organizadores de la demanda pasaría a ser el Estado, mediante la planificación. Ya el Estado Benefactor se proponía ampliar el universo de consumidores, incrementando la capacidad de captación de bienes y servicios por parte de los trabajadores mediante políticas sociales tales como servicios públicos o incremento de los salarios: la mano invisible de los mercados capitalistas se pondría el guante del Estado; la mayor atención pasaría de la oferta a ser compartida con la demanda; los integrantes de las clases trabajadoras se convertirían en ciudadanos y consumidores (si bien muchas veces convocados desde su condición de clase).
Uno de los principios fundamentales de la economía política es advertir que la distribución de los recursos no es natural, sino que se gesta en conflictos y acuerdos políticos. El proceso histórico-social que estamos analizando no contradice dicho principio. La emisión mediática pasaría a construir agentes aptos para el consumo, la publicidad adquiriría dimensiones nunca antes sucedidas, los niveles de escolarización se incrementaban sensiblemente.
No implica que no existan contradicciones, la historia nunca es lineal, pero estas y muchos otras contingencias pasarían a alcanzar gran relevancia de los escenarios económico-políticos. La Industria Cultural, la Cultura de Masas jugaba un papel determinante: los sujetos no sólo consumían bienes materiales que antaño no, también eran receptores activos de productos culturales a los que anteriormente no tenían acceso, o que eran especialmente producidos por y para las masas. Con esto, el consenso entre clases -en términos gramscianos-, se alteraría, la hegemonía pasaba a ser construida de otra manera, no sin conflictos y resistencias. El lugar de los sujetos pertenecientes a ciertas clases antes medianamente discriminadas de la actividad política se iría modificando paulatinamente. No significa que en el pasado no hubiera movimientos provenientes de las clases trabajadoras enraizados con la militancia política, más bien se trata de dar cuenta de una nueva forma de hacer política por parte de las clases dominantes y hegemónicas, que entienden la importancia de ellas mismas acudir simbólicamente a las clases populares, para conseguir consenso.
Tanto esto como las aplicaciones de políticas del Estado Benefactor y del Populismo, deben ser comprendidas en el marco del conflicto mundial entre el bloque capitalista y el soviético. Las clases populares eran vistas como posibles agentes de riesgo para el orden capitalista, convocarlas políticamente, mantener ciertos reclamos apaciguados con beneficencia social que se proclamaba democrática, y recurrir a la distracción mediante la cultura del espectáculo (estrategia que comenzaba a vislumbrarse y se potenciaría ferozmente en años posteriores), serían moneda corriente en aquellos años en la lucha contra el disconformismo que podía resultar en la adhesión de sectores de las clases populares a formaciones de izquierda. Vale mencionar que muchas formaciones de izquierda de América Latina no se presentaban antagónicas al proceso populista y sentían como verdaderos triunfos los beneficios sociales que las clases populares comenzaban a gozar; inclusive compartían con este las formas de interpelar a las masas, más allá de las diferencias inexpugnables entre uno y otros.
Un modo particular de llegar a las multitudes políticamente, sería el uso de emblemas y el enaltecimiento de lo nacional, así como la habilidad discursiva de líderes carismáticos y el intento de hacer que las masas se vieran reconocidas e identificadas en estos.
Entiéndase que al usar el término “masas”, para nada se sugiere uniformidad o indiferenciación, más bien se trata del uso descriptivo que se hace de clases sociales que funcionan en un modo particular de producción caracterizado por la producción en serie. La vinculación con el uso que da la Escuela de Frankfurt parece ser inevitable; la producción de objetos culturales se vería regida por la el rasgo de estandarización de los mismo, volviéndolos mercancías consumibles a gran escala, no sólo por su valor mercantil, sino también por su cualidad de objeto, con las implicancias en la relación con el consumo que ello conlleva. Walter Benjamin mismo aducía que la reproducción técnica de obras de arte, entraba en obvio correlato con el acceso a estas por parte de las masas.
Si bien no vamos a confundir bienestar con capacidad de consumo, no podemos perder de vista ciertas mejoras concretas que vivían los sectores populares en sus condiciones materiales. Tales como acceso a servicios públicos: en materia de salud –mediante la inversión del Estado se fundarían cientos de hospitales públicos en muchos de los países que adoptaban medidas populistas-; como en la educación –no sólo se abrirías gran cantidad de escuelas, también comenzaba a darse que hijos de clase obrera pudiesen cursar carreras en universidades, siendo las primeras generaciones de sus familias con esa posibilidad (siguiendo a Hebdige, la juventud de la clase obrera gozaría de una relativa moratoria social, la cual sus padres no habían vivido en igual forma por la exigencia necesaria de entrar al mundo laboral)-; asimismo en lo que respecta al empleo –se conseguirían ciertos logros para los trabajadores como poder gozar de vacaciones pagas, nuevos puestos de trabajo, disminución de la duración de la jornada laboral, aportes jubilatorios, mejoras salariales y formación de gremios-; y por último con prestaciones de servicios como luz, gas, transporte, etc.
No obstante no debemos idealizar dichas cuestiones, estas, considero, no se dan en el marco de una lucha por barrer con las desigualdades sociales en aras de una sociedad democrática en posibilidades y equitativa en distribución, tanto como en un intento por aquietar reclamos y mantener apaciguado el motor del cambio social que pueda provenir desde los pueblos. Siendo esto dicho, comprendiendo que si bien la verticalidad daría un giro integrador de las masas, mantendría el lugar de la toma de decisiones en el polo en que se encontraba, podemos interpretar en algún punto que se trataba de un proceso de cambio en la función que las distintas clases ocupan en las relaciones que conforman la hegemonía, sin acompañar este con una reversión de los lugares que esas clases ocupan en la estructura de dominación. Es vital para esto observar el papel que desarrollarían las instituciones en esta coyuntura. Quizás sea privilegiado el ejemplo que nos ofrece el campo vinculado a lo educativo para observar un espacio donde confluyen con vigor los intereses de la burguesía estructurando un mundo a imaginar. Allí podría observarse, tomando el concepto de tradición selectiva de Raymond Williams, toda una selección de la historia y los conceptos enseñados a quienes ingresaban a las escuelas y universidades, la cual no era oposicional a la hegemonía de la burguesía. Esto no significa que no hayan ocurrido cambios en la educación formal en este período en que la masificación de la política y demás campos de lo social, en todo caso demuestra cómo estos eran adaptados al proceso de construcción de la hegemonía, cuando no originados directamente desde el bloque dominante. Más allá de que hoy pueda decirse que la consolidación hegemónica mediante el modelo populista resultó en aquella época efectiva, no es apropiado cerrar con eso el tema y concebirlo como una mera forma política burguesa, ya que en este lo popular tendría un lugar relevante, en ocasiones como un actor fuerte, incluso influyente en el rumbo del modelo, generando contradicciones y pugnas en su interior, haciendo de sus lugares habituales (bares y clubes por ejemplo) y las calles, sobre todo, los lugares de discusión política por excelencia de esta época.
Si de conocer la coyuntura económico-política y socio-cultural se trata, es menester prestar cuidadosa atención a lo que ocurriría con la posición de las clases burguesas. Aun cuando muchos de los empresarios miraban con recelo y cautela a los gobiernos populistas, veían el beneficio de encontrar en las clases populares a potenciales consumidores, sobre todo considerando lo sufrido en crisis e inestabilidades económicas de décadas anteriores. Esto se suma a los muchos casos en que el Estado fue interventor directo en el rescate financiero de empresas y entidades, en ocasiones captando la deuda de las mismas, en otras estatizando las compañías. (Aquí el pacto entre clases de ese momento histórico se vuelve notorio.)
De la misma manera es importante en el rol de los Estados, tomar en consideración el período de duración de la Segunda Guerra Mundial y su finalización. Durante el trascurso de la misma, muchos países del tercer mundo adoptarían políticas de sustitución de importaciones, adquiriendo relativo peso las industrias nacionales e impulso el sector agro. Así se fortalecerían mercador internos al tiempo que crecerían las exportaciones para abastecer a los países centrales que abocaban todo su poderío productivo a la guerra. Pero el mapa geopolítico cambiaría con la acelerada recuperación de la economía europea que tomó fuerza a través del Plan Marshall. Medida en parte tomada para combatir un probable avance de la influencia soviética en los sensibles mercados europeos que se encontraban devastados, hecho también que dejaba en claro el lugar de Estados Unidos como primer superpotencia capitalista después de la segunda guerra mundial.